jueves, 12 de abril de 2007

La France me prends a la rigolade (IV)

Quien no recuerda con los ojos humedecidos por la nostalgia aquellas tardes de críos viendo Oliver y Benji, todos soñamos con ser los mejores jugando al fútbol e irnos con Roberto a Brasil. También ganar el mundial, aunque hubiera sido con la camiseta de Japón (no se que es más improbable, que gane Japón el mundial o lo haga España).

Por esas cosas del destino de un país, y para que se den cuenta los guionístas de televisión lo fácil que es cambiar la vida de toda una generación véase este ejemplo:

Olive et Tom, champions de foot’

Por lo visto, antes de su salida al estrellato, los traductores franceses decidieron dejar a Benji en la estacada y titular la famosa serie como Oliver y Tom, bueno, Olive y Tom. Qué atentado contra la razón, me dio ganas de comprarlo solo para ver qué canción se les ocurrió inventar a esta panda de desalmados después de cometer semejante atropello contra nuestros queridos ‘magos del balón’.

La France me prends a la rigolade (III)

Caminando por las calles de Poitiers, y en cualquiera de Francia, puedes encontrarte con una reivindicación de caracter homosexual, hasta ahí, nada fuera de lo normal. Lo raro es cuando viene del mundo de la construcción. Sin ningún tipo de tapujos y sin miedo a las replesalias y al rechazo ahi va la reivindicación :

‘Piétons, changez le trottoir’ (Peatones, cámbiense de acera).

Otros, se atreven a asergurar (no hay documento gráfico) que ‘Peatones, por su seguridad, cambien de acera’. Debe ser una acera peligrosa en lo que al ambito homosexual se refiere…

Me alegra que nadie se esconda y que muestre sus sentimientos tal y como son. Es su derecho. Cuan avanzados estan en este país…

Ya os pondre el cartel de : ‘Por favor, salga del armario’, el colectivo de la carpintería tampoco debe haberse quedado atrás.

martes, 10 de abril de 2007

Blog festivo

Después de 22 posts, horas delante del ordenador buscando la forma de encontrar eñes y vocales acentuadas, después de agasajaros con regalos para que escribieseis y de muchas cosas más hemos conseguido hoy mismo lo que creí que no conseguiríamos hasta finales de junio:

¡100 COMENTARIOS!

Enhorabuena a todos los que hayais contribuido a esta tan gran proeza.

Muy pronto serán anunciadas nuevas sorpresas, secciones y firmas invitadas a este blog (muy expertas en el tema erasmus). Como adelanto una foto de cuando tenía 15 años festejando el gol 100 de mi equipo en la liga municipal... (no se me ocurría otra foto relacionada con el número 100 y así os reís un rato)

jueves, 5 de abril de 2007

La vie en rose

Sentirse insignificante puede ser interpretado de muchas formas. Dícese estar en una gran ciudad donde no eres más que un punto en una fotografía dispar y alborotada, en mi caso, este estado me es placentero ya que puedes hacer lo que te venga en gana sin temer nada más que a tu conciencia y a las leyes. Es decir, puedes hacer el ridículo más espantoso que como mucho la gente desviará su atención durante décimas de segundo y seguirá su camino. En mi caso, París es una buena opción para hacerlo y el destino (o los vuelos con horarios intespestivos) me ha puesto en esta ciudad en completa soledad durante un día entero. Veamos.

Asomé la cabeza por la salida del metro de Pyramides a las 5:30 de la mañana y lo primero que pude divisar fueron tres mendigos en la puerta este del Louvre, mendigos con mucho gusto por el arte porque dormir en la puerta del Louvre para entrar los primeros es más que gusto, pasión. Poco después descubrí que el museo no abría ese día, a si que eran mendigos a secas. Debido a que tenía que esperar a que abrieran la embajada de España (papeleos que darán para otro post) y que, ciertamente, ya había visto todo lo que hay que ver de París y ya me puedo morir, me dediqué a promenearme (se promener: pasearse, dar una vuelta) por los jardines del Louvre y las Tullerías. Bueno, no sin antes estar dos horas en una cafetería delante de un cafe au lait y un croissant gorroneándole el periódico al del bar, perdón, café.

Ciertamente, lo que más me impactó de los periódicos de París fue la sección de ‘Manifestaciones del día’. Se ve que todos los días en París hay manifestaciones, porque esta al lado del parte meteorológico. Mirando detenidamente sobre que tema se quejaban hoy los franceses me sorprendio la siguiente manifestacion ‘Infirmières malheureuses’ (enfermeros/as cabreados). En vista de que toda mi familia trabaja en un hospital y que mi hermana pertenece a ese selecto grupo, no podía faltar…

La tal manifestación resultó ser una panda de enfermeros y enfermeras bastante bien organizada, llevaban sus camiones-manifestación con altavoces y lanzadores de panfletos así como espacio suficiente para lo imprescindible: banderas, pancartas, palos (para las banderas), todo muy profesional. Lo que sucedió en la manifestación, la verdad nada con mucha chicha, cortaron un par de calles y se subieron a un par de semáforos. Los pobres conductores respondían a tal agravio en su vida normal con sorna y bastante buen humor, debe ser que la vida normal en París sea tener manifestaciones. Supongo que es tan normal que hasta había un hombre vendiendo silbatos a tres euros, el sindicalismo tambien se vende.

Después de mi affaire hospitalario (que desde la sinceridad me pilló de paso para comprar los billetes para volver a Poitiers) y de mis lios con la embajada y el consulado tanto trabajo merecía darse un homenaje. Decidí en un arrebato de generosidad hacia mi mismo (y porque estaba solo y no tenia que invitar a nadie) comer en el mejor restaurante cerca de la Tour Eiffel. Las vistas de ese lugar son impresionantes y da mucho gusto comerse la especialidad de la casa, sandwich au jambon de París et fromage emmental, contemplando el maravilloso monumento (y esta vez si hablo en serio, con lo de maravilloso). Lo mejor, el precio, 5 euros con cerveza incluida. Cuando vengáis a Francia os llevaré, solamente hace falta una buena navaja de Albacete y algo para no mancharse el culo con el cesped del Trocadero, minucias.

Hablando ya en serio, el bocadillo me estuvo buenísimo viendo como cientos de turistas se avezaban por entrar en la torre, esperando pacientemente en una cola durante horas, la vida del turista es realmente dura.

Después del Trocadéro, Champs-Élysées, Louvre, Place de la Concorde y de mi enésima visita al metro (en el que pude presenciar el avance de la tecnología en forma de pasarela móvil a velocidad hipersónica) dejé para el final la Cité (o isla central de París, cuna de todo este circo de país que se han montado). Allí pude comprobar que no se puede ser punto insignificante en ninguna parte del mundo, allá donde vayas habrá alguien que te conozca. Nada más llegar a la plaza me encuentro con dos guadalupanos, César y Luis José, dos latinoamericanos que como es costumbre en mi ya añorado Colegio Mayor se dan una vuelta por Europa en cuanto tienen vacaciones. ¿Recordáis de lo del mesón manchego? Pues cambiadlo por un guateque puertorriqueño y ponedlo en la plaza de Notre Dame.

Y bueno, finalmente, después de mucho meditarlo, después de temer represalias desde muchos puntos de la sociedad, después de esconderlo durante mucho tiempo, lo siento, no me gusta París. Pido perdón a todos los implicados, bohemios; amantes de lo etéreo, del amor y lo romántico en general; a La Mona Lisa y a La Madeleine; y a todo portador de boina o comedor de croissants).

A los primeros, les digo que París es la ciudad menos bohemia del mundo, todo a base de tener el m² de vivienda a casi 10.000 euros en casi todos los arrondissements (arrondissement: barrio, zona) y de centralizar toda la cultura en organismos oficiales tipo ‘La liga de los bailadores de claqué’. Ha quedado muy atrás la época en la que esto era cuna de grandes artistas y pensadores.

Al segundo grupo le digo que la belleza de París está enlatada al vacío y se vende (muy cutremente, por cierto) a precios prohibitivos con una filosofía de ‘Tanto pagas, tanto ves’ como ejemplo lo siguiente : Torre Eiffel: primer piso, 5 euros, segundo piso 7’5 euros, tercer piso 11’5 euros. Resumiendo, que no me vuelan mariposillas en el estómago ni floto cantando la vie en rose cuando paseo por París, debo estar podrido por dentro, no sé.

A la Mona Lisa y a la Madeleine les acepto que París es un monumento inigualable en sí mismo, pero para mi gusto tiene demasiado arte y poca historia en sus calles, ahí habéis pinchado en hueso conmigo.

Y al resto (boinas y croissants), una frase de Joaquin Sabina:
‘Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid’

miércoles, 4 de abril de 2007

Bienvenue á Poitiers

Muchas veces me he preguntado y creo que cuanto más investigo menos me gusta, el conocimiento que tiene la gente extranjera de España. Esto me vino otra vez a la cabeza cuando contemplaba, en medio de una recepción del ayuntamiento de Poitiers a los estudiantes extranjeros, una serie de espectáculos típicos de países. En ellos, no tuvieron la decencia de poner nada español, pero bueno, me imagino que hubieran sido unas sevillanas muy bien bailadas por alguna pareja de franceses españolizados.

Esta recepción, la cual yo supuse como francesa por lo similar a las recepciones del Colegio Mayor en la actualidad (tiene una directora más francesa de lo que uno se puede imaginar) no tuvo demasiadas cosas a destacar por lo sosa que fue.

Aunque la noche de San Patricio terminó siendo larga hasta que nos fuimos a casa, me desperté pronto (debe ser porque no tengo persiana en la habitación y no me queda mas remedio) y llegué allí de los primeros. Delante de mí, una kilométrica mesa llena de suculentos dulces franceses de todo tipo. Ni que decir tiene que los probé todos, a destacar, una especie de torrijas de esas de Semana Santa pero mucho más grasientas y jugosas, por lo demás, diferentes gâteaux con igual pinta que los españoles pero con regusto francés, muy buenos.

Dejando el tema culinario, que me pierde, la recepción fue bastante aburrida, mucho chino (o japonés, filipino, vietnamita, coreano) por todas partes, muchos latinoamericanos (que están un poco de la cabeza la mayoría), alguna rusa de mofletes rojos y otros europeos varios.

El espectáculo del que os hablé fue bastante ameno, aunque me pareció que nos trataban como a unos turistas con poca idea porque la danza del vientre estilo francés-brasileño que se pegaron fue bastante cómica (y no es que tenga yo mucha experiencia en danza del vientre, pero saltaba a la vista) y las clases de cha cha cha en francés me causaron risa (igual que causa risa un chino bailando sevillanas y sobre todo verlo aplaudir).

Aunque eso si, jamás pensaría yo que bailaría el cha cha cha, que lo haría por un profesor francés y con una rusa mofletuda que además bailaba muy bien.

viernes, 30 de marzo de 2007

La France me prends à la rigolade (II)

Hacer grafittis en Francia ha alcanzado el siguiente nivel. No se conforman estos artistas urbanos con pintar en las paredes y ya está, han decidido (y he visto ya muchos casos) abrir las marquesinas publicitarias, darle la vuelta a los anuncios y ahí expresar sus sentimientos.

Cualquiera puede pensar que es una estrategia publicitaria de lo más sugerente, pero no, el mensaje no es precisamente a favor del consumismo:

" J’enmerde la pub, les riches, les états, leurs chiens (la police), les valeurs, la morale, les critiques de gens que votent les armées, et je te dis que la suite si on n’enferme pas avant, (il vas falloir beaucoups de pub!) un autre désastre est possible. "

" Me cago en la publicidad, en los ricos, los estados, sus perros (la policía), los valores, la moral, las críticas de la gente que vota los ejércitos, y yo te digo que si después de no enfermar (van a hacer falta montones de publicidad) es posible otro desastre. "

Perdón si la traducción no es demasiado precisa (ya me corregirán los lectores puestos en el francés). Y que alguien me explique que desastre es del que habla este hombre.

Bueno, después de lo de anteayer en la Gare du Nord de Paris (se estuvieron dando la policía y unos ‘cuantos’ jovenes durante 16 horas seguidas) lo que va a pasar es que va a arder Troya, pero sigo sin ver lo del desastre.

miércoles, 28 de marzo de 2007

Problemas con la combustión espontánea

Debido a que durante mi arduo trabajo en el L.M.P.M. mi portátil ha salido ardiendo (literalmente, y menuda se ha armado) no he podido y se me va a hacer mucho más difícil escribiros a partir de ahora. Espero poder escribiros regularmente cada semana aunque eso implica quitar horas de mi maravilloso proyecto. Lo cual no es muy complicado...

Por lo visto, esta combustión espontánea se debe a la batería ya que mientras el ordenador ardía, seguía funcionando. Fantasmagórico.

Espero, en cambio, seguiros teniendo como fieles seguidores de mi blog, pese a las fatalidades.